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BMW Serie 3, M2 y Serie 2 fabricados en San Luis Potosí
Motor & Negocios

Una década en la línea de producción

BMW Group cumple diez años en México. Lo que comenzó como una apuesta industrial en el desierto potosino hoy es uno de los proyectos manufactureros más estratégicos de la marca alemana en el mundo. En 2027 llegará la prueba más exigente: fabricar el futuro eléctrico.

Por Alex TorresAño 01 · Número 02 · Agosto 2026Publicado el 14 de agosto de 2026

Hace diez años, en un terreno del municipio de Villa de Reyes, San Luis Potosí, BMW Group colocó la primera piedra de lo que muchos consideraban una apuesta excesivamente ambiciosa. México tenía experiencia ensamblando autos de volumen, no berlinas de lujo ni cupés deportivos para exportación global. BMW pensó diferente y tuvo razón.

Lo que comenzó en 2016 hoy suma una inversión cercana a los dos mil millones de dólares y se ha convertido en una de las operaciones manufactureras más avanzadas del grupo alemán a nivel global. Pero el número más revelador es este: las exportaciones de Villa de Reyes se incrementaron 1,600% desde la llegada de BMW. Para noviembre de 2025, el municipio concentraba el 42% de las exportaciones totales del estado y generaba el 30% de su producción bruta. Un municipio que no era nada en el mapa industrial de México hoy es un punto de referencia en la cadena de valor automotriz global.

Lo que se fabrica en el desierto

Desde el inicio de operaciones en 2019, la planta ha producido más de 550 mil vehículos, entre ellos el BMW Serie 3, el M2 y el Serie 2 Coupé, estos dos últimos fabricados exclusivamente en México y exportados a clientes de todo el mundo. Eso significa que cada M2 que circula en Alemania, en Japón o en los Emiratos Árabes salió de manos potosinas. BMW no eligió a México para abaratar costos y ensamblar volumen: lo eligió para construir sus modelos más exigentes.

La planta emplea directamente a cerca de 3,700 colaboradores y ha generado alrededor de 32 mil empleos indirectos a través de proveeduría, logística, construcción y servicios especializados. Detrás de esos números hay algo que el CEO de la planta, Klaus von Moltke, describió con precisión: “Lo más importante de esta historia no son únicamente los vehículos que producimos, sino las personas que han hecho posible este proyecto y las oportunidades que hemos creado juntos.”

Cada M2 que circula en Alemania, en Japón o en los Emiratos Árabes salió de manos potosinas. BMW no vino a México a abaratar costos: vino a construir sus modelos más exigentes.

BMW también exportó conocimiento. Más de 570 aprendices han concluido el Programa de Capacitación Vocacional Dual —inspirado en el modelo alemán— con una tasa de contratación del 95%, y más de 110 colaboradores mexicanos han participado en proyectos internacionales dentro de la red global de BMW Group en países como Alemania, Hungría, China, Estados Unidos y Sudáfrica. Técnicos potosinos formados en Múnich. Eso también es parte del balance de esta década.

El BMW Serie 3, uno de los modelos ensamblados en San Luis Potosí para el mundo.
El BMW Serie 3, uno de los modelos ensamblados en San Luis Potosí para el mundo.

La sombra del arancel

No todo es celebración. La misma semana del aniversario, Von Moltke fue claro sobre el contexto que amenaza el modelo de negocio que BMW construyó en México: “Nuestro principio es el mercado libre y competitivo. Por eso creemos que los aranceles de cualquier tipo y de cualquier nivel son la medida incorrecta.” Debido al Artículo 232 de la Ley de Expansión Comercial de Estados Unidos, el sector automotriz mexicano paga actualmente 25% de gravamen. Frente a otras regiones que exportan al mercado estadounidense con aranceles de 10 o 15%, la desventaja competitiva es difícil de compensar. Europa exporta autos a Estados Unidos con menor carga arancelaria que México: esa es la paradoja que enfrenta una planta que nació precisamente para aprovechar la proximidad con el mercado más grande del mundo.

2027: la apuesta más grande

La respuesta estratégica de BMW no es esperar. La planta de San Luis Potosí tiene capacidad instalada para 165,000 unidades y 300 hectáreas de espacio, y Von Moltke ha fijado como meta convertirla en una operación flexible tecnológicamente, capaz de producir vehículos eléctricos, híbridos o de combustión según lo demande el mercado, con acceso a los 14 tratados comerciales que México tiene con 52 países. Diversificación como blindaje.

A través de una inversión de 800 millones de euros, BMW amplía sus instalaciones en 110,000 metros cuadrados. A partir de 2027, la planta fabricará los modelos BMW iX3 y BMW i3 bajo la plataforma Neue Klasse, convirtiéndose en la primera fábrica automotriz premium en México dedicada a la producción de vehículos totalmente eléctricos y baterías de alto voltaje. La Neue Klasse no es una actualización de lo existente: es la reescritura completa de la arquitectura BMW para la era eléctrica —nueva electrónica, nuevo software, nueva filosofía de producto—, y BMW eligió a México para fabricar parte de ese futuro.

Diez años después de aquella primera piedra en el desierto potosino, BMW Group no celebra solo un aniversario. Celebra haber convertido una apuesta en un argumento sólido sobre lo que México puede hacer cuando la industria decide confiar en su talento. En 2027, ese argumento tendrá motor eléctrico y se llamará Neue Klasse.

Edición Agosto 2026

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